La Manduca de Azagra: cocina navarra de huerta en Madrid

Visité La Manduca de Azagra hace poco como crítico gastronómico y confirmé por qué se habla de este local como un “templo navarro en el corazón de Madrid”. Fundado en 2003 por Juan Miguel Sola (de Pamplona) y Anabel Arriezu, el restaurante honra el espíritu tradicional navarro. Se ubica en la calle Sagasta (Chamberí), y desde el primer momento impresiona la combinación de su moderno comedor con la calidez familiar que destilan los dueños. Vengo con la sensación de hallar la esencia de la cocina navarra.

En resumen, La Manduca de Azagra ofrece “cocina navarra de la más alta calidad”. Se sirve aquí una cocina con producto excepcional: destacan las verduras frescas traídas directamente de la huerta familiar en Azagra, “probablemente las mejores verduras de Madrid”. A su lado, carnes y pescados bien trabajados complementan la oferta. El comedor, de diseño minimalista, resulta elegante y acogedor, mientras que el servicio es cercano y profesional; la atmósfera general se describe como acogedora y “de primera calidad”. No en vano, varios críticos coinciden en que aquí reina la autenticidad y el respeto por la materia prima.


Ambiente y servicio

Al entrar, se percibe inmediatamente un ambiente luminoso y sereno. La decoración minimalista de inspiración contemporánea (obra del arquitecto Patxi Mangado) ofrece un equilibrio entre lo sofisticado y lo confortable. Las mesas son amplias y están bien separadas, lo que contribuye a una sobremesa agradable. Destaca la profesionalidad del personal: me recibieron con amabilidad y sin protocolos excesivos. La familia Sola (propietaria) ha logrado transmitir familiaridad al trato, haciendo sentir a cada comensal como en casa.

En general, la clientela es de mediana edad y exigente; hay confianza y cercanía en el servicio. Según usuarios habituales, se aprecia el servicio atento, aunque en ocasiones podría pulirse la sugerencia de maridajes: por ejemplo, algún crítico apuntó que el personal “no me han sugerido (vinos) ninguno, un fallo” al ordenar. En suma, el equipo es eficiente y cordial, cualidad clave en un local de su categoría.

Por otro lado, conviene señalar que, en plena hora punta, el restaurante puede llenarse y resultar un poco bullicioso. Aunque muchos destacan un ambiente acogedor y tranquilo, algunas opiniones apuntan al nivel de ruido como un aspecto mejorable en momentos de alta ocupación. Aun así, no es nada estridente; simplemente conviene reservar o elegir horarios intermedios si se busca máxima conversación sin esfuerzo. En todo caso, la gran mayoría valora positivamente el espacio: iluminado, bien ventilado y con un volumen de música moderado.


Sabores navarros: huerta y tradición

Mi visita confirmó que el huerto propio de Azagra es la estrella del menú. Las verduras frescas (alcachofas, espárragos, borrajas, etc.) son traídas cada día de Navarra y destacan por su sabor “inigualable”. El plato más famoso, los pimientos del cristal asados, son considerados por muchos clientes como de los más exquisitos de Madrid. Una reseña reciente incluso califica los pimientos como uno de los “más delicados y suculentos” que ha probado jamás.

Otros entrantes de verduras no defraudan: alcachofas fritas doradas, huevos rotos con pimientos (de los que se dice “¡qué huevos y qué pimientos! Sabores de los de antes, espléndidos”) y menestra tradicional navarra (borrajas, alcachofas, habas, etc.) con un caldo concentrado que “recoge la esencia de la Ribera”. La materia prima es tan protagonista que platos sencillos (una ensalada de tomate “de verdad” de Tudela, p. ej.) resultan memorables por su pureza.

La cocina es francamente generosa: las raciones no escatiman cantidad. Por ejemplo, un cliente relata que el revuelto de ajetes con foie fue “espectacular” y de porción abundante. Los postres, todos caseros, dan broche final perfecto: la pantxineta (tarta de hojaldre con crema) fue comparada con la célebre de San Sebastián, “más ligera y con crema delicadísima”. Destaca también la torrija caramelizada, calificada entre las mejores de Madrid.

Para resumir, los platos recomendados incluyen sin duda las verduras asadas y menestras, junto con guisos tradicionales navarros (rabo de toro, p. ej.) y postres caseros. Algunos de los platos más destacados son:

  • Pimientos del cristal (asados): la especialidad clásica, muy elogiada por su textura y dulzor naturales.

  • Menestra navarra de verduras: su caldo concentrado refleja toda la huerta navarra.

  • Huevos rotos con pimientos: un entrante contundente que entusiasma por su sabor “de los de antes”.

  • Chuletón y carnes al carbón: cortes de ternera vieja a la parrilla, jugosos y al punto, acompañados de guarnición vegetal.

  • Postres artesanales: pantxineta templada, torrija de brioche o milhojas de crema, todos caseros y con toques delicados.

(Estos platos ilustran la propuesta navarra del local; sin embargo, conviene consultar la carta actualizada en cada visita).


Bodega y detalles finales

La carta de vinos complementa la identidad navarra del lugar. Predomina la Denominación de Origen Navarra con referencias clásicas (Chivite, etc.) y se incluyen también Rioja o Ribera del Duero. No es una bodega exageradamente amplia, pero sí cuidada: varios críticos apuntan que al menos la temperatura de servicio suele ser la adecuada. Un pequeño detalle es que el personal no siempre recomienda maridajes específicos, algo que algunos visitantes echan en falta.

El equilibrio calidad-precio es otro tema a considerar. La comida es de alto nivel, pero esto se refleja en los precios. Varios comensales señalan que los platos de carne pueden sentirse un poco caros en proporción a lo que ofrecen. Por ejemplo, un crítico destacaba que la ración completa de huevos con pimientos era “excelente… pero el precio final es una pasada”. En mi experiencia, cada céntimo se justifica por la calidad, pero recomiendo ir con expectativas ajustadas: no es un menú económico. En definitiva, la Manduca no es un sitio de andar por casa, pero la mayoría de clientes coinciden en que su elevada factura merece la pena por el conjunto gastronómico.


Puntos fuertes y aspectos a mejorar

La Manduca de Azagra triunfa sobre todo por:

  • Calidad excepcional de sus ingredientes. Las verduras de huerta, las carnes selectas y el mimo en cada plato son el principal fuerte.

  • Autenticidad navarra. Mantiene platos clásicos con respeto al producto: pimientos, menestra, cordero al chilindrón, etc. Los sabores “de toda la vida” brillan sin pretensiones modernas.

  • Ambiente agradable. Decor moderno-minimalista pero acogedor, con un trato cercano y profesional. Muchos clientes destacan sentirse como en casa gracias a la cálida atención de la familia Sola.

  • Amplia selección de verduras. Aquí realmente se vive la “despensa verde” navarra; varios críticos coinciden en que las verduras son el aspecto más sobresaliente del local.

No obstante, existen algunos aspectos susceptibles de mejora:

  • Nivel de ruido. En horas punta, el comedor puede llenarse y elevar el volumen. (Algunos apuntan que no es un problema serio, pero conviene reservar con antelación o ir temprano para evitar el bullicio).

  • Servicio de vinos. Aunque la carta es correcta, el staff no siempre sugiere opciones de maridaje ni atenciones extra. Varios comensales han notado que podría reforzarse la recomendación de vinos o algún obsequio para clientes habituales.

  • Precio elevado. No es barato: algunos platos de carne, aunque sabrosos, se consideran “un poco desproporcionados” en su coste. Recomiendo revisar la carta o preguntar antes de pedir.

Conclusión

Mi experiencia en La Manduca de Azagra fue muy satisfactoria. Como crítico, valoro la coherencia entre lo que promete y lo que entrega: excelencia en la materia prima y ambiente familiar. Los que buscan una inmersión en la cocina navarra —especialmente sus verduras y asados— quedarán encantados. Aun con los puntos a mejorar mencionados (niveles de ruido y ajustes en detalles de servicio), el balance final es netamente positivo. En la escala madrileña, La Manduca figura entre esos restaurantes que “nunca fallan”. Volveré sin duda para seguir degustando sus platos tradicionales, acompañado quizás de un buen compañero de mesa con quien compartir esa pantxineta exquisita o el próximo plato de temporada que me recomienden.

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